El peneca Zig Zag nº 1835


1835. Cortesía del señor Elías Luna.
Santiago de Chile, 12 de Noviembre de 1968.


El peneca como expresión de si misma.
Los creadores de El peneca saben frotar el diamante de la fantasía. Nacen entonces, de la piedra preciosa, resplandores de mitos, poesías y cuentos. Territorio propicio para el inofensivo entretenimiento según algunos. En esas narraciones habitan siempre un valle de símbolos profundos En sus relatos fantásticos el escritor y guionista de El peneca presenta esa radiación imaginativa que ilumina todas las páginas de esta revista. En un comienzo hay una voluntad de posesión hacia el lector. Signo del poder que posee, describe, introduce soles dentro de la mano desorientada del lector. Lo lleva hacia la niñez a través de laberintos y sorteo de murallas temporales. El cordón umbilical se establece, los destinos se unen. Eso es el encuentro: fusión de destinos. Y recibe entonces el don, la oportunidad, de la transfiguración. Y sin comprenderlo, sin saberlo, el adulto desciende hasta el secreto de la infancia: un forma primaria de imaginar donde el mundo es ancho, sin soles cautivos.
En el relato de Rosaflorida , historia encantadora, borbotean intuiciones hondas sobre la egoísta dualidad humana: sobre el humano, mamífero pensante, teñido de mezquindad y estrechez y, aun así, capaz de redención y elevación.
El peneca no se expresa más que a sí mismo. Tiene una vida propia, como el pensamiento, y se desarrolla puramente en un sentido que le es peculiar. No es necesariamente realista en una época de realismo, ni espiritualista en una época de fe. Además de ser creación de su tiempo, está generalmente enfrente de ella, y ofrece el diseño real del rostro de su época, de sus costumbres, de sus inquietudes. A veces vuelve sobre sus pasos y resucita alguna forma antigua, mitológica, medieval . Otras veces se adelanta en absoluto a su época y produce una obra de ciencia-ficción que otro siglo posterior comprenderá y apreciará.
La segunda virtud es esta : no comete el error de ornamentar, ensalzar regresiones de vida y naturaleza de otras épocas y de elevarlas a la altura de ideales. La vida y la naturaleza pueden ser utilizadas a veces como parte integrante de los materiales narrativos: pero antes deben ser traducidas en un lenguaje adecuado, llano y claro. artísticas. Por eso una revista -como expresión de arte literario- debe ser imaginativa . El realismo cómo método, es un completo fracaso, y el escritor debe evitar la modernidad de forma y la modernidad del asunto. A quienes vivimos en el siglo actual , cualquier otro siglo, menos el nuestro, puede ofrecer un tema y argumento literario apropiado. Las cosas bellas son las que nos conciernen. . El escritor francés Zola escribió a para trazarnos un cuadro del Segundo Imperio. ¿A quién le interesa hoy el Segundo Imperio? Está pasado de moda. Hay algo que nunca morirá : El Romanticismo , porque exhala naturaleza y vida , una poesía, una escena nocturna, el misterio de la oscuridad, la pasión son sentimientos de todas las generaciones, de todos los tiempos.

Muchas gracias, Elías Luna.
Adaptación de Hasieran para El peneca en base a un texto de Oscar Wilde.

El peneca Zig Zag nº 1834





El peneca Zig Zag nº 1834. Cortesía de Elías Luna.
Santiago de Chile , 5 de Febrero de 1944.

El peneca y la vida como espejo y discípulo.

El peneca encuentra su perfección en sí mismo y no fuera de él. No hay que juzgarlo conforme a un modelo exterior. Es realidad más bien que un espejo. Posee flores y pájaros desconocidos entre la ordenada selva de sus palabras. Crea mundos y puede arrancar la luna del cielo con un hilo escarlata. Tiene sus propios moldes, no imitados de la naturaleza, existen por si mismos , como en el mundo platónico.. Para él la Naturaleza no tiene leyes ni uniformidad. Puede hacer milagros a voluntad, y los monstruos salen del abismo a su llamada. Puede ordenar al almendro que florezca en invierno y hacer que nieve sobre el campo de trigo en sazón. Con su voz hace hablar , con su pluma hace volar de nuevo pegasos sobre el cielo celeste, coloca su dedo de plata sobre la boca ardorosa del estío, y los leones alados de montañas salen de sus cavernas en Sandar y en Zogulah. Toda una mitologia , arquetipos, ambientados en nuevos escenarios, propios, no robados a antiguas civilizaciones. Los insufla de nueva vida, de renovada naturaleza y así salen entre sus páginas las dríades ; que espían en la espesura y los faunos bronceados que sonríen extrañamente; dioses con cabezas de halcón, y centauros que galopan libres a lo largo de la narración.
Si la vida es transformada en la literatura, se produce la paradoja. El arte es la imagen real y la vida se hace virtual, secundaria, al servicio de la literatura.
En este número tenemos la historia de Proserpina, hija de Ceres. . Los griegos, con su vivo instinto artístico, lo comprendieron así. Gracias al Arte, la vida que nos rodea adquiere espiritualidad, hondura de pensamiento y de sentimiento . días. En una palabra: la vida es el mejor y el único discípulo del Arte.
He aquí unas líneas de auténtica prosa poética que he convertido en verso tomadas del relato de Proserpina en este nuevo número de El peneca que nos trae Elías Luna :

Túnicas de gasa blanca,
coronas de flores en sus rubios cabellos,
y una eterna sonrisa en sus rojos labios.
¡Oh, Proserpina !
Porque tu existes,
de capullos en flor se cubre la tierra,
Blancas y livianas son las nubes,
Disco pulido y cálido es el Sol,
Verdean los árboles y maduros frutos sostienen.

Muchas gracias a Elías Luna.

El peneca Zig Zag nº 1833





El peneca Zig Zag nº 1833.
Cortesía del señor Elías Luna.
Santiago de Chile, 29 de Enero de 1944.

La búsqueda de un estilo propio. Entre el énfasis y la naturalidad.
En el peneca no hay imitación de la vida, sino creación, ya que en ningún momento se abandona la forma imaginativa, siempre está presente. El escritor de El peneca toma como elemento narrativo un lenguaje natural, tierno, pero no vulgar. No cae en el exceso, en la grandilocuencia, no copia el verbo de las tabernas, ni la pedantería de los palacios. En el Realismo de siglos anteriores, los personajes de esas obras hablan en escena exactamente lo mismo que hablarían fuera de ella; no tienen aspiraciones ni en el alma ni en las letras; están calcados de la vida y reproducen su vulgaridad hasta en los menores detalles; tienen el tipo, las maneras, el traje y el acento de la gente real; pasarían inadvertidos en un vagón de tercera clase.., ¡Y que aburridas son esas obras! No logran siquiera producir esa impresión de realidad a la que tienden y que constituye su única razón de ser. Como método, el realismo es un completo fracaso. El peneca, en conclusión, no tiene espíritu imitativo, todo fluye, claro, limpio ; agua fresca de la montaña, de los Andes.
No hay escritor o guionista que no haya bebido para su inspiración en las fuentes de la historia, de los mitos, de las leyendas. El problema es cómo contarlo : utilizando un lenguaje desgarrado, cargado, exagerado, o bien de una forma natural, real, fría, indolente.
Entre el barroquismo y la vulgaridad hay un término medio ,difícil de encontrar. Eso lo ha conseguido El peneca. La historia, la literatura , el arte tienen como fin mostrar una belleza compleja, modificada en la forma, ya que el tema, el argumento siempre permanece como columna vertebral que sostiene el cuerpo de la obra literaria. Así es, tras la carne, está el hueso del melocotón. Este es hermoso por fuera, variado en colores y aromas.
El fin u objetivo no es tomar la simple verdad, sino la belleza compleja. Es la realidad cotidiana vestida con algo que olvidamos : el estilo. “ Le style, c´est l´homme” Esto es completamente cierto. El alma del escritor es un énfasis de su propia realidad ante el mundo. Si destruimos la forma, desterramos y enterramos la imaginación, la fantasía, y por tanto , el estilo. Pero si nos vamos al otro extremo, si distorsionamos la realidad cargándola de barroquismo, ornamentación en las palabras, ostentación , entonces caemos en lo que muchos grandes escritores hicieron. Hasta en el mismo Shakespeare , en sus últimas obras. podemos ver todo esto. Se observa en él una dislocación de verso libre en sus escritos , en el predominio de la prosa y en la excesiva importancia concedida a la personificación. Los numerosos pasajes de Shakespeare en que el lenguaje es barroco, vulgar, exagerado, extravagante, hasta obsceno. No era su alma quien hablaba, sino la vida exterior que buscaba un eco a su propia voz. Shakespeare está lejos de ser un artista perfecto. Le agrada demasiado inspirarse directamente en lo que ve y oye en la calle, copia de la vida su lenguaje corriente. Se olvida de que el arte se pierde cuando se abandona el instrumento de la fantasía. Goethe dice en alguna parte: "Trabajando en los límites es como se revela el maestro". Y la limitación, la condición misma de todo arte, es el estilo.

Muchas gracias, Elías Luna
Adaptación de Hasieran para El peneca en base a un texto de Oscar Wilde .

El peneca Zig Zag nº 1830





El penecaZig Zag nº 1830.
Cortesía de Elías Luna (Chile)
Santiago de Chile, 8 de Enero de 1944

El peneca y la pureza de la intención primera.

La creación literaria del escritor y guionista de El peneca comienza con una decoración abstracta, difusa, un trabajo puramente imaginativo y agradable aplicado tan sólo a lo irreal, a lo no existente. Esta es la primera etapa.
La vida que fluye en la naturaleza, entra en su mente , al principio invitada, curiosa , y luego queda fascinada por esa nueva maravilla, solicita su entrada en el círculo encantado. El escritor acoge a la vida como una madre en el regazo de su hijo lloroso, toma a la vida entre sus materiales toscos, la crea de nuevo y la vuelve a modelar en nuevas formas, y con una absoluta indiferencia por los hechos, inventa, imagina, sueña y conserva entre ella y la realidad la infranqueable barrera del bello estilo, del método decorativo o ideal.
La tercera etapa se inicia cuando la vida que nos rodea, sea animada o inerte, predomina y arroja la obra literaria como lo es El peneca al desierto, al polvo al olvido. De ahí la verdadera decadencia que sufrimos actualmente. Valoramos lo cultural en la medida que nos sirve como herramienta, catapulta para el hedonismo, la satisfacción material, la comodidad personal e individualismo. La literatura es un fin, el camino hacia la verdadera libertad, la auténtica libertad. Y esto es lo que no se entiende.
El valor literario de El peneca es que no ha sido contaminado, manipulado. Mantiene a lo largo de sus años la pureza del objetivo primigenio : hacer libres a las personas a través de la cultura.
A lo largo de la historia muchas tendencias iniciales en el arte y en al religión han sido modificadas y enmascaradas para otros fines, y en consecuencia , mancilladas, cubiertas de falsedad interesada.
Tomemos el caso del dogma inglés. Al principio, en manos de los frailes, el arte dramático fue abstracto, decorativo, mitológico. Después fue manipulado,, y utilizando algunas de sus formas exteriores se creó una raza de seres absolutamente nuevos, cuyos dolores fueron más terribles que ningún dolor humano y cuyas alegrías fueron más ardientes que las de un amante. Seres que poseían la rabia de los Titanes y la serenidad de los dioses, monstruosos y maravillosos pecadas, virtudes monstruosas y maravillosas. Un nuevo lenguaje diferente a aquel lenguaje inicial, ordinario, sonoro, musical, dulcemente rimado, magnífico.

Muchas gracias, Elías Luna,

Adapatación de Hasieran para El peneca en base a un texto de Oscar Wilde.

El peneca Zig Zag nº 1827





El peneca 1827 Zig Zag.
Cortesía del señor Elías Luna.
Santiago de Chile, 18 de Diciembre de 1943

El peneca y la fantasía como instrumento literario.

El guionista y dibujante de una revista literaria - como es el caso de El peneca, posee una mente con capacidad para formar imágenes de cosas que no están de hecho presentes. La facultad de concebir imágenes recibe o recibió el nombre lógico de Imaginación. Pero en los últimos tiempos y en el lenguaje especializado, no en el de todos los días, se ha venido cada vez más considerando a la Imaginación como algo superior a la mera formación de imágenes, adscrito al campo operacional de lo Fantasioso, forma reducida y peyorativa del viejo término Fantasía; se está haciendo, pues, un intento para reducir, yo diría que de forma inadecuada, la Imaginación al "poder de otorgar a las criaturas de ficción la consistencia interna de la realidad".
... El logro de la expresión que proporciona (o al menos así lo parece) "la consistencia interna de la realidad" es ciertamente otra cosa, otro aspecto, que necesita un nombre distinto: el de Arte, el eslabón operacional entre la Imaginación y el resultado final, la Sub-creación. Para el fin que ahora me propongo preciso de un término que sea capaz de abarcar a la vez el mismísimo Arte Sub-creativo y la cualidad de sorpresa y asombro expositivos que se derivan de la imagen: una cualidad esencial en la concepción, por ejemplo, de los cuentos.
El guionista, escritor de El peneca , asume, por tanto, , arrogarse con legitimidad literaria los poderes de Humpty-Dumpty y usar de la Fantasía con ese propósito; es decir, con la intención de combinar su uso más tradicional y elevado (equivalente a Imaginación) con las nociones derivadas de "irrealidad" (o sea, disimilitud con el mundo cotidiano, aburrido y conocido) y liberación de la esclavitud del "hecho" observado; la noción, en pocas palabras, de lo fantástico.
El escritor, guionista es consciente, y con gozo, de los nexos etimológicos y semánticos entre la fantasía y las imágenes de cosas que no sólo "no están realmente presentes", sino que con toda certeza no vamos a poder encontrar en nuestro mundo primario, o que en términos generales creemos imposibles de encontrar. Pero, aun admitiendo esto, no puede aceptar un tono peyorativo. Que sean imágenes de cosas que no pertenecen al mundo primario (si tal es posible) resulta una virtud, no un defecto. En este sentido, la fantasía no es una manifestación menor sino más elevada, del Arte, casi su forma más pura, y por ello -cuando se alcanza la más poderosa.
La fantasía, claro, arranca con una ventaja: la de domeñar lo inusitado. Pero esta ventaja se ha vuelto en su contra y ha contribuido a su descrédito. A mucha gente le desagrada que la «dominen». Les desagrada cualquier manipulación del mundo en que vivimos, carente de misterios y expectativas, o de los escasos reflejos del mismo que les resultan familiares. Confunde, por tanto, estúpida y a veces malintencionadamente la Fantasía con los sueños, en los que el arte no existe, y con los desórdenes mentales, donde ni siquiera se da un control; y con las visiones y alucinaciones. El peneca cumple esas condiciones de un ingenuo, candoroso y sugerente uso de la fantasía como vehículo de elevación y comunión con el lector.
Muchas gracias, Elías Luna.
Adaptación de Hasieran para El peneca en base a un texto de J.R. Tolkien.

El peneca 1824 Zig Zag Chile



El peneca Zig Zag nº 1824 por el señor Elías Luna (Chile)
Santiago de Chile, 27 de Noviembre de 1943.


El peneca y el poder del adjetivo en la literatura.

El escritor, el guionista de El peneca busca , utiliza como mente humana, dotada de los poderes de generalización y abstracción, y no sólo ve hierba verde, diferenciándola de otras cosas ( y hallándola agradable a la vista), sino que ve que es verde, además de verla como hierba. Qué poderosa, qué estimulante para la misma facultad que lo produjo fue la invención del adjetivo: no hay en fantasía hechizo ni encantamiento más poderoso. Y no ha de sorprendernos: podría ciertamente decirse que tales hechizos sólo son una perspectiva diferente del adjetivo, una parte de la oración en una gramática mítica.
La mente del guionista que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz también supo ezbosar la imagen al ilustrador o dibujante de El peneca, comunión perfecta, que conciben la noción de la magia que haría ligeras y aptas para el vuelo las cosas pesadas, que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca inmóvil en veloz arroyo. Si pueden hacer una cosa, también la otra; y hacen las dos, inevitablemente. Si de la hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre lo rojo, es que disponemos ya del poder del encantador.
Y surge el tercer sujeto : el lector. El nace del deseo de trascender,de romper el espejo de la monotonía en que vive, siente el poder de la literatura, su naturaleza transformadora. El lector pinta en su cerebro lo que sus ojos leen, descubre el hechizo, el imán de los adjetivos que acompañan a los elementos inertes y vivos. De aquí no se deduce que vayamos a usar bien de ese poder en un nivel determinado; podemos poner un Verde horrendo en el rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille una extraña y temible luna azul; o podemos hacer que los bosques se pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos de oro; y podemos poner ardiente fuego en el vientre del helado saurio. Y con tal "fantasía" que así se la denomina, se crean nuevas formas. Es el inicio de Fantasía. El Hombre se convierte en subcreador.
Así, el poder esencial de una obra literaria, es hacer inmediatamente efectivas a voluntad las visiones "fantásticas". No todas son hermosas, ni incluso ejemplares; no al menos las fantasías del Hombre caído. Y con su propia mancha ha mancillado a los elfos, que sí tienen ese poder real o imaginario. En mi opinión, se tiene muy poco en cuenta este aspecto de la "mitología" -subcreación más que representación o que interpretación simbólica de las bellezas y los terrores del mundo-.
Naturalmente que los niños son capaces de una fe literaria cuando el arte del escritor de cuentos es lo bastante bueno como para producirla. A esa condición de la mente se la ha denominado "voluntaria suspensión de la incredulidad". Más no parece que ésa sea una buena definición de lo que ocurre. Lo que en verdad sucede es que el inventor de cuentos, relatos, aventuras, demuestra ser un atinado "sub-creador". Construye un mundo alternativo en el que tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es "verdad": está en consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad, el hechizo se quiebra; ha fallado la magia, o más bien el arte. Y vuelve a situarte en ese mundo paralelo, contemplando desde fuera el pequeño mundo personal que no cuajó. Si por benevolencia o por las circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces habrás de dejar suspensa la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus ojos ni tus oídos lo soportarán. Pero esta interrupción de la incredulidad sólo es un sucedáneo de la actitud auténtica, un subterfugio del que echamos mano cuando condescendemos con juegos e imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro juicio fallido.


Muchas gracias, Elías Luna.
Adaptación de Hasieran para El peneca en base a un texto de J. R. Tolkien.

El peneca Zig Zag nº 1819



El peneca Zig Zag nº 1819.
Santiago de Chile, 23 de Octubre de 1943.
Cortesía del señor Elías Luna.

El extrañamiento en El peneca .

No no se trata de hechizo, de encantamiento. Tampoco tiene nada que ver con las musas o la casuística. Picasso decía que la inspiración siempre le pillaba trabajando. Es inútil ir al diccionario, no se moleste en hacerlo, habrá una definición, que será aparentemente impecable, pero una vez que la haya leído los elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se escaparán de esa definición.No puede explicarse con la lógica, con la inteligencia razonante.
Ese sentimiento del escritor y del lector de una revista literaria como El peneca,se llama extrañamiento.En cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional, para gente dotada de sensibilidad para la imaginación, ese sentimiento, ese extrañamiento, está ahí, a cada paso, vuelvo a decirlo, en cualquier momento y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de, de viento interior, que los desplaza y que los hace cambiar.
Un gran poeta francés de comienzos de este siglo, Alfred Jarry, el autor de tantas novelas y poemas muy hermosos, dijo una vez, que lo que a él le interesaba verdaderamente no eran las leyes, sino las excepciones de las leyes; cuando había una excepción, para él había una realidad misteriosa y fantástica que valía la pena explorar, y toda su obra, toda su poesía, todo su trabajo encaminado a buscar, no las tres cosas legisladas por la lógica aristotélica, sino las excepciones por las cuales podía pasar, podía colarse lo misterioso, lo fantástico, y todo eso no crean ustedes que tiene nada de sobrenatural, de mágico, o de esotérico.
Así pues,en la lectura de El peneca o de otra obra literaria, ese sentimiento es tan natural para algunas personas,por ejemplo, los poetas.Ese sentimiento de estar inmerso en un misterio continuo, del cual el mundo que estamos viviendo en este instante es solamente una parte, ese sentimiento no tiene nada de sobrenatural, ni nada de extraordinario, precisamente cuando se lo acepta, con humildad, con naturalidad, es entonces cuando se lo capta, se lo recibe multiplicadamente cada vez con más fuerza; Uno diría, aunque esto pueda escandalizar a espíritus positivos o positivistas, que disciplinas como la ciencia o como la filosofía están en los umbrales de la explicación de la realidad, pero no han explicado toda la realidad, a medida que se avanza en el campo filosófico o en el científico, los misterios se van multiplicando, en nuestra vida interior es exactamente lo mismo.

Muchas gracias, Elías Luna.

Adaptación literaria de Hasieran para El peneca en base a un texto de Julio Córtazar.

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